... el recuerdo que tendrás de mi será horroroso me verás siempre como a un malvado. C. Gardel
Me interné en la selva sin pensarlo mucho, como cualquier niño de la calle, andaba guiado por sueños falsos y una vida amarga. En mi cabeza rebotaban los cuentos de la quejumbrosa bruja.
_ dicen los que dicen que saben y ven y oyen entre los mundos… que si los atrapas te conceden magia, o de menos si te pones trucha les quitas parte de sus tesoros, __ dijo la vieja
_ tonterías__ le gritó el más grande de los niños que la escuchaban, el resto estaba entre la burla y el asombro ante los delirantes cuentos de la vagabunda andrajosa.
_ ah, muchos huevos?. Ya veremos cuando te encuentres en medio de la jungla frente a frente con uno de estos monstruos y te arranque la cabeza. __ luego se cagó de la risa en forma grotesca, y los pequeños escaparon asustados. También reí al ver la huida. La anciana giró hacia mí. Con el ojo bueno me miró de arriba abajo, __ mueve tu mugroso culo Otilio. __
__ Ya voy agüela...
__ No se de que chingados me sirves, ni siquiera puedes cargar mis cosas de un lado a otro __ la abuela me había criado desde que recuerdo. Nos manteníamos mendigando, robando en las calles y con negocios chistosos, yo tenía en ese tiempo unos siete años o algo así, nunca lo supe de verdad.
__ Agüela ¿De veras existen los sheshes en la selva?
__ No.
......
Abandonar a la vieja no me causo remordimientos, después de todo ella se quedaba con todo y me daba muy poco, aunque… al menos me acompañaba. No era la primera vez que me metía en este lugar, trabajé un tiempo con Pascual Avaro recogiendo miel de los árboles de yavawa, de esa que los ricos usan para curar la sangre podrida. Era divertido trepar siete metros o mas para vaciar las calabazas, eso si con un chingo de espinas pero muy valiosas, siempre me sentí feliz desde allá arriba, aunque mi paga se la quedara la vieja.
Fue en aquel trabajo que conocí a Chuchito un niño mayor que yo pero que se veía mas chico, nomás sus ojos eran de viejito. Me contaba que al morir su jechu, sus carnales lo echaron de su canton. Entonces comenzó de vago, como yo. Después de un rato por mera casualidad, llegó a ser ayudante de un viejo brujo. Sin embargo, la suerte le dió la espalda pues el brujo murió al poco tiempo. Chucho recordaba las últimas palabras del hombre.__Tu traes la garra de la huesuda jaguara, te sigue y se jala a quien te rodea... __ y luego el patrón se quedo tieso y helado. __ A veces Chucho lograba pegarme el miedo y me volvía disimuladamente para mirar sobre mi espalda. Al volver a mirarlo me decía
_ pinche crédulo pendejo.
_ huevos, a mi no me da miedo nada...
Pese a sus ratos negros , lo quería más que a nadie. Me contó muchas cosas de magia. De mundos donde su maestro había andado según decía. Uno de esos días que chuchito trepaba un árbol, se quedó mirando a la nada como si hubiera visto a alguien parado en medio del aire. De repente salió volando, como arrastrado por unas garras. Aún recuerdo su cabeza abierta contra las rocas, su cuellito como marcado por colmillos felinos y a Don Pascual separando la sangre de la miel antes de levantar el cuerpo, quise matar al Avaro en venganza, solo me atreví a robarle pero se dio color. Me corto dos “dedulce” de la mano izquierda como castigo.
Pase un año vagando, ya no le hice mas caso a la abuela. La abandonaba por días o ratos más largos, iba por los pueblos, conocí una enorme ciudad, por todas partes la gente era amarga y apática. La bruja era cada vez más difícil de aguantar. Un día hablándole para controlarle la peda me confesó que en verdad había visto una vez a uno de esos diminutos demonios. Y sin pensarlo más decidí marcharme a buscar mi propia suerte.
.....
La selva es espesa, pero se andar por estos rumbos. La tarde se aleja poco a poco y le da paso a la noche que nomás no acaba de encajar en mis ojos. Los monos bluhuw apaciguan sus gritos después de atascarse de fruta y la selva suena diferente. ¿Cómo había dicho la vieja? Ah, ya lo recuerdo.
__ agarras un pan le echas azúcar, sangre, mocos y baba, lo pones encima de un montón de hojitas revueltas con gusanos blancos y esperas a que salga la luna, y ¡zas! Aparecen atraídos por el manjar.
Le hice como la aguela decía en sus cuentos, después de colocar la trampa me escondí tras un árbol, la luz del día ya se acababa. Como los héroes de cuento me quede dormido mientras esperaba a mi presa. Y como héroe de cuento me desperté en el momento bueno, el monstruo había mordido el anzuelo, no quedaba más que ver como se retorcía.
La trampa era buena, el dulce atraía al sheshe y la sangre, mocos y baba lo envenenaban. El efecto nomás duraba poquito, lo suficiente para agarrar al monstruo amarrarlo y obligarlo a cumplir con los deseos del cazador. Corrí por el bultito, tomé el estambre de mi bolsa y le até las manos y piernas. Tomé al sheshe y lo metí en un saco. Estaba muy cansado y me acosté para dormir, me remordió un poco la conciencia. En mis sueños veía que era a Chuchito a quien había metido al saco, y luego lo torturaba por un poco de mielecilla como el viejo Avaro.
Desperté antes de que amaneciera. Saqué la ultima torta que había guardado, me comí la micha, hambre no me faltaba, pero era mejor guardar para la tarde. Tantié el saco, me pareció vacío, un truco del monstruo seguramente. Por un momento me acordé de la cara de Chucho, y hasta imaginé que era él a quien tenía encerrado, resistí las ganas de abrir la bolsa. __ putoo mostruo, tus juegos no me asustan.__ Mentira pues casi me miaba de miedo.
Abrí el saco, saque al pequeño, le coloque un tenedor en su pequeño cuello, __deja tus trucos para los niños, __ a mi edad tal vez eso sonaba poco creíble, pero él no tenía muchas opciones, la cara de mi victima era de miedo. __ Bueno ¿y ahora que? __Me dije a mi mismo tratando que él no notara mis dudas. __Claro, ahora viene la parte en la que el héroe, ósea yo, reclama el tesoro y obliga al sheshe a cumplir sus deseos. La cosa es que mis deseos no eran claros. Guarde a mi victima en el saco. Mis opciones, la riqueza era buena idea. Sin embargo, solo la disfrutaría unas cuantas décadas. Por otro lado, cómo comparar el dinero con el poder, como el del brujo, me pregunté cómo se lo chingaría al pequeño cactus.
Lo saque otra vez. __ ¿Dónde vives? __ giró su cabeza en hacia las viejas ruinas. Aquel lugar estaba maldito.
__Si es una trampa te mueres, le dije.
2
__ ¿Qué sabes de los demonios de la selva? __ Chuchito me miró sombrío con sus ojos rojos y medio perdidos.
__ De demonios no se nada. __ Que decepcionante, aquel aprendiz de brujo sabelotodo no tenía una respuesta.
__ Pero si hablas de un xexe pues… algo se. Se quedó mirando una lagartija asoleándose, pero no dijo otra cosa.
__ ¿Qué sabes?
__ ¿De qué? __ A mi amigo le salía bien hacerse pendejo y cuando estaba en esos ánimos mas valía hablar de otra cosa. Esa misma noche recostado en unos cartones tomó una pluma y comenzó a garabatear. Al terminar el dibujo me dijo.
__ Mira. __ El garabato parecía un hombre con ramas en vez de brazos y piernas, y con hojas en la cabeza.
__ Esto es lo que querías saber.
__ ¿Ese es? ¿Es lo que decía la agüela?
__ Si.
__ ¿Son árboles monstruo?
__ Monstruos no, y árboles pues… a veces tienen esa forma, pero no gigantes, son muy chiquitos. Yo jamás he visto alguno, pero el viejo contaba que tenían forma de plantitas, flores o arbustos, pero con brazos y piernas para andar por los bosques, y caras casi humanas.
.....
La vieja ciudad era enorme, de un lado a otro en esa zona la selva estaba salpicada de edificios de piedra que habían pasado quien sabe cuantas eras, cubiertos de maleza. Entre mis brazos llevaba la bolsa y su cabecilla estaba por fuera para que me enseñara el camino. Llegamos a una derruida casa de piedra, el calor era agobiante.
El demonio era como un cactus, un hombrecito verde y cubierto de espinas. Dijo que necesitaba tocar con su manita la piedra de la pared de la casa, solo así se abría la entrada de su guarida. Le desaté un poco más el amarre, con cuidado de no dejarlo huir. Por culpa de mis dedos mochos lo dejé mas libre de lo necesario. Intentó saltar pero alcancé a tomarlo, sus pequeñas espinas se me clavaron en la mano por la fuerza.
__ Jodido monstruo nopal. Inténtalo de nuevo y te como, has de saber bien con guacamole. __ gritó como perico. Lo acerque a la pared. __ abre ya.
La guarida estaba oscura, ya dentro comencé el interrogatorio.
__ Y dime ¿Cuál fue el último deseo que concediste? __ Me miró algo desconcertado.
__ Le di a una anciana cíclope la compañía de un nieto.
Al rato ya se me ocurría cómo robarle el poder al xexe. Nadie me había enseñado esa formula, así que hice lo único que se me ocurrió.
Abrí la panza del pequeñito, quite las espinas que lo cubrían. Lo mordí. Su savia era de un verde muy oscuro, casi negro. Comencé a succionar. El líquido era amargo y helado, pero continué sin detenerme ignorando llantos y ruegos del hombrecillo cactus que ahora dejaban paso a un tenue lamento. De pronto me quede ciego. Sentí que se me congelaba todo el cuerpo y caí al suelo. El dolor en el estomago era intenso. Me desmaye.
Desperté al medio día, la boca me sabía a tierra. Me limpie la cara con las manos. _¡Carajo! _ grité por la sorpresa, mi mano izquierda estaba completa otra vez. Cerca aún se encontraba el cuerpecito verde ahora seco. No pude evitar sentir remordimientos. Pero ahora ¿Cómo deshacer mi crimen? Saque el tenedor de mi bolsa y me hice una cortada. La sangre se era cómo rojita y verde. La derrame sobre su cuerpo. No sucedió nada, espere un rato. Por la tarde lo enterré y me fui. Coloqué una flor sobre su tumba.
3
__ ¿Son malvados? __ No se si a veces lograba exasperarlo, pero Chuchito siempre se tomaba una pausa antes de explicar algo complicado.
__ Pues… mira. La maldad es más bien, cosa de los hombres, al igual que la bondad. Y ni siquiera ellos mismos saben explicar con claridad quien es bueno y quien malo. A veces el bueno esta en la cárcel y el malo gobierna. Muchas cosas son un tiempo de una forma y luego cambian.
_¿Entonces?
__Los xexe son criaturas de la tierra, responden a cosas simples, como una planta o un animal. No ven la vida como tú o yo. No odian, no aman, no tienen rencor.
_ No te entiendo
....
El propio xexe me contó algún tiempo después lo que le pasó. Al amanecer, él se levantó de su tumba. Se sintió confundido, experimentó algo totalmente ajeno a su naturaleza se sintió algo humano por la sangre roja que deposite en sus venas. Lo primero que hizo fue buscar si yo esta ahí. Al no encontrarme se sintió aliviado. Le dolía la herida.
Por mi parte me encontraba impresionado, aunque con miedo pues veía el mundo como jamás lo había visto antes. Escuchar la selva era algo diferente, lo que antes parecían sombras y murmullos, ahora eran voces, conversaciones, rostros y figuras tan cercanas como mis propias manos. La selva estaba más poblada que antes. Un mar de criaturas entre las que no me encontraba tan seguro. Parecían un tanto molestos por mi presencia o protegían a sus crías ante un olor nuevo, furiosos y amenazantes se acercaban cada vez más.
No me faltaba curiosidad por saber si entre mis dones estaba la inmortalidad. Pero una cosa era cierta, mi sensibilidad para el dolor seguía igual. Pensé que lo mejor sería encaminar mis pasos para otro lado. Corrí lo más rápido que a mis débiles piernas se les antojo. No fue suficiente. De pronto me encontré atrapado por aquella bestia que resaltaba como la más dominante y furibunda de entre su manada. Sus garras separaron mis piernas mientras otra criatura me tomaba de un brazo y otra más por la cabeza cortándome cual niño de papel. Sus mandíbulas destrozaron lo que solía ser mi pancita y regaron mis tripas por todos lados, las arrojaron a los árboles y las llevaban lejos, lejos, para tirarlas donde no molestaran a sus crías. Yo veía todo y sentía todo. Una cría me sacó los ojos antes de que su madre lo apartara. La última imagen que mi mente logró formar fue a la abuela gritándome:
__ Otilio cabrón, te dije que no lo hicieras
__ No más regaños, odio los regaños. Por fin, aquel enorme puño aplastó mi cabeza como una nuez.
4
Era de noche cuando recobre la noción de mi mismo. Despertar tras ser descuartizado por una criatura del mundo antiguo, no se siente chido. Mi visión era borrosa pero alcancé a ver al xexe arrastrando una rama. Se acercó más, pasó frente a mi rostro. La rama era mi brazo. Traté de levantarme pero no tenía piernitas, grite. El xexe corrió en mi dirección y con una larga espina atravesó mis labios para callarme. El hombrecillo cactus miró en todas direcciones, alerta por si mis llantos atraían la atención de alguna criatura.
Poco a poco zurció cada una de las partes de mi cuerpo.
.....
Zurcir a una persona por dentro es siempre mas difícil que por fuera, o eso decía Chuchito. Contaba, con sus ojos tristes de siempre, que a su hermano mayor cuando tenía dieciocho años lo metieron al bote por ratero o más bien por juntarse con unos amigos que robaban, el tipo era un huerito enclenque. En chirona la gente como esa se rompe, o más bien la rompen por la fuerza, porque allá en cana no hay mujeres. Decía que a su hermano le pusieron en la madre muy feo, que le madrearon el cuerpo y le madrearon el alma, que se intentó zurcir con mucha de la droga que allá se vende, pero estaba tan deshecho que cuando salió lo único que buscó era quien se la pagara y Chuchito pago el pato...
_ estaba roto y me quiso romper a mi también, y lo hizo porque ya estaba loco y a mi nadie me quería ni me cuidaba... _ decía mi amigo
Ora sé que a chuchito no lo jaló la calaca, que nomás lo invitó para acompañarlo en sus viajes por la selva donde ella descansa con forma de ocelote, porque le dio tristeza verlo ahí parado encima de un árbol con las manos llenas de espinas y la mirada bien triste y medio anhelante. Y ora chuchito cose mi cuerpo con una espinita mientras me mira con sus ojos que ya no se ven tan tristes.
El mundo de ciudades grises y luces en la noche no lo quiere saber o finge que no existimos, somos pequeños y nos pisan y nos rompen en sus calles y sus cárceles, por eso vamos a la selva y a los bosques y al campo abierto a morir y volvemos a cuidar la morada de la señora de la muerte, que al fin es la única que nos recibe con los brazos abiertos. Ahora deambulo en la selva pero igual me acuerdo de la agüela y espero que no este tan triste sin mi.
Bartolomé Ocaña.
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