domingo, 12 de febrero de 2012

Cielito lindo

1

No puedo precisar hace cuanto fallecí, el tiempo en estos lugares pierde significado. Relataré los hechos más o menos como pasaron ya que me es imposible calcular cualquier fecha. En vida fui un hombre pobre, obrero, padre de tres hijos. Ignoro si mi viuda se sintió aliviada o triste con mi partida. Era un alcohólico, golpeador, abusivo, y busca pleitos. Fui asesinado en una noche de juerga. Bueno eso es lo más sobresaliente de cuando estuve vivo.

Siempre pensé que al morir iría directamente al infierno por obvias razones. Que las personas buenas iban al cielo. Sin embargo encontré que las cosas eran algo diferentes. Al morir, unos ángeles me llevaron ante un Juez, este iba a decidir si yo debía ir al infierno, al cielo o en su caso al purgatorio. La inmensa cantidad de muertos que llegan desde todos los universos, impide que los juicios sean expeditos. Por lo que tuve que esperar en una larguísima fila, no se miraba el fin, sin más explicación que un pequeño boleto. Con el numero 9 999 456 768 163 456.

En la fila me toco ir delante de un obispo, tristemente celebre a causa de los cientos de acusaciones por abuso de infantes y otros escándalos. Pensé que era una buena oportunidad, pues a fin de cuentas aquel hombre, a pesar de ser un puerco, era en ese momento lo más cercano a un guía en esta situación. Hacerlo hablar no fue difícil, ¿qué otra cosa se puede hacer mientras se espera miles de años en una fila? Me enseñó “secretos” sobre dios, cristo, los infiernos, la santidad, sobre las religiones del mundo y todo sobre respecto al famosísimo arrepentimiento. Aquel tipo se sabía de memoria la Biblia, el Talmud, la Cábala, los evangelios de Nah Hammadi e incluso el Coran y miles de escritos más, incluyendo varios prohibidos y reservados solo para supremos jerarcas de la iglesia los cuales no tuvo reparo en relatarme, el maldito era todo un erudito. Hay un pequeño detalle que en ese momento me pareció chistoso y esto es que el señor obispo parecía a ratos demasiado interesado en mi, digamos románticamente. Sus platicas iban de la erudición religiosa al mero relato de sus andanzas con mujeres y hombres por igual, mi rechazo a escuchar cuando rebasaban ciertos limites los detalles y repugnancias solo le divertía. En fin, al ver mi poco interés en esos eventos volvía al tema religioso, más de una vez me prometió que me buscaría para que, ya asentados en nuestros respectivos destinos finales, nos juntáramos a beber un trago.

Después de varios siglos (creo), un ángel nos pidió relatar nuestra vida en un libro, con un número de expediente y código de barras para presentarse ante el juez. Nos advirtieron que no podríamos incluir mentiras ya que estas simplemente no quedarían grabadas en el papel y lo peor, que de intentar faltar a la verdad seriamos enviados al final de la fila. Por fin mi caso fue turnado. En esos breves siglos de espera había tomado mis precauciones. Arrepintiéndome a fuerza de toda mi vida y repasando lo que aprendí de mi compañero el “hombre santo”.

El altavoz vomito mi numero _ acusado numero 9 999 456 768 163 456 a la puerta 67 553 789 45-c _ Acudí de inmediato. El despacho era bastante sencillo. En un gigantesco estrado un juez regordete leía una especie de diario. Del lado izquierdo se encontraba una secretaria rubia y de ojos azules. Platicaba con la rubia un hombre delgado y bajito, de rasgos orientales y traje gris. Esperé unos minutos de pie frente al juez sin atreverme a decir palabra, ninguno de los presentes pareció notarme.

Tome valor y acerque mi expediente al juez. Apenas iba a colocarlo en su escritorio, cuando casi ladrando me dijo __entrégueselo a la secretaria__ Asustado acerque el libro a la mujer, ella lo escaneó en la máquina y lo dejó en una banda transportadora con salida a no se donde, tal vez era un incinerador por el leve olor a humo que provenía de ahi. Me entregó un boleto y dijo __salida 9 891 567 transporte 111__ luego continuó hablando con el tipo, que al parecer era mi abogado de oficio, o eso decía su gafete. Me quede un instante desorientado y me dirigí al hombrecillo de traje gris __ No entiendo lo que sucede.
__Mira amigo no te preocupes, fuiste aprobado y te vas al cielo, anda por esa puerta__ Preferí no hacer mas preguntas y me marche.



2
Más tarde me encontré en una especie de aeropuerto. Encontré la ruta indicada y abordé, directo al cielo sin escalas en el purgatorio. No entendía ¿como un hijo de la chingada como yo iba camino a la gloria? No importaba, tal vez un error administrativo. Me dormí.

Meses o años después, el transporte se detuvo. Bajé con otros miles de pasajeros. El ambiente era frió y seco, estaba oscuro. Por fin la penumbra reinante comenzó a dejar paso a un sol demasiado ardiente para ser tan temprano. Mis compañeros de viaje seguían descendiendo. Advertí un detalle que me pareció chistoso, en las alas de la nave estaba dibujado el símbolo de Mac Donalds, el de las hamburguesas gringas.

Un tipo rubio, con un potente altavoz, nos comenzó a dar explicaciones. Hablaba un mal español __ Welcom al cielou señores, Dios con gran misericordia decidir perdonarlos, pese a vidas de pecado y desobediencia de palabra. Alegrarse ya estar en gloria de señor reservada para santos, piadosos, y quienes obedecer palabra de Dios __ Miré al alrededor, casi todos los presentes éramos mexicanos, salvo uno que otro con pinta de centroamericano, un cielo para latinos. El discurso seguía _ y por tanto dios les encomendar importante y sagrada tarea, de cuidar bendito jardín. Además Dios misericordia, ofrecerles mucha diversiones en cercanías de nuevas viviendas, cines, circos, wall mart, conciertos, teatros y espectáculo. _ No lo dijo el serafín, pero el lugar también abundaba en bares y prostibulos _ En casas tener televisión gigante con todos canales de universo, transmitiendo series y telenovelas preferidas de ustedes__ todo mundo aplaudió, estaban llenos de júbilo después de una vida de sufrimiento, por fin la gloria¡¡

Yo preferí esperar antes de celebrar. Al otro día nos encontramos con que los jardines benditos del señor eran viles campos gigantescos de maíz, tomate, y otras verduras que jamás había visto. Ni modo de no trabajar, además cientos de ángeles con gafas oscuras, pistolas y látigos al cinto “vigilaban” que nuestra labor marchara bien.

A un tiempo de esto conocí a un tal José Luis Guzmán Villa, de tez morena y bajito. Era un hombre instruido, de otro modo muy diferente al señor obispo. Hablaba de cosas raras como que dios en realidad era una corporación gigantesca, que los ángeles eran capataces, que éramos explotados y cosas así. Yo lo escuchaba, pero no era el único. Campesinos de otras plantaciones llegaban a pedirle consejo, parece que no todo era paz en el cielo. El miedo a los Ángeles-capataces, a sus latigazos, a dios y al infierno detenía toda acción. Yo ayudaba en lo que podía, repartir un volante, pegar un cartel, etc.

Pese a todo, no todos los ángeles eran malvados, un par de ellos solían visitar a Pepe, siempre de noche y con ropas de campesino para no llamar la atención, ángeles rojos.

La inmensa región pronto se llenó de huelgas, marchas, mítines, quema de imágenes sagradas, violencia. El temor asomaba en los ojos de nuestros guardianes. Una revolución alumbraría pronto los campos y las fábricas del cielo.



3

Luego un día, se anunció una visita especial, un “enviado de dios”, un hombre de gran importancia, ya que ni aquí en el cielo le era permitido a cualquiera hablar con el creador. Esa madrugada un inmenso ejército de ángeles armados rodearon nuestro barrio que ya por ese entonces tenia fama de bravo y de rojo. No pudimos detenerlos pese a las precauciones, sabían lo que haríamos y en donde se encontraba Pepe Guzmán. Años después entendí que ángeles de elite se habían infiltrado, se transfiguraban con sus artes en personas familiares del vecindario.

Se llevaron a Pepe y a otros, fueron encerrados bajo custodia de cien celadores. Para mi fortuna logré huir, pero entre el caos apenas logré a correr a la milpa. Estaba recostado entre los maizales, cuando un niño se me apareció. Tenia sangre seca en las sienes y una herida en el brazo izquierdo.

_ ¡Camarada!_ reconocí el rostro del niño, era uno de los ángeles rojos que nos visitaba, pero disfrazado de infante.
_ ¿Qué sabes de lo que pasó?_ me dijo_
_ se llevaron a José, eran demasiados, venían armados, sabían sobre los preparativos.
_ meditó un instante, parecía leer en mi rostro la desconfianza que me llenaba ahora.
_ Han matado a mi hermano, sabían que les estábamos ayudando. Intente llegar antes pero…. Se sentó unos minutos con la cara entre las manos, después despabiló y por fin dijó _ entre los que custodian a Pepe hay dos de los nuestros. Tenemos un plan, por la noche uno de ellos tomará la figura y el lugar de Pepe. El otro lo sacará a escondidas vistiéndolo como uno de nosotros. Espéralo en casa de Flor, no esta vigilada. _ Dicho esto desapareció en el viento.

Regrese al poblado. Entre el bullicio de miles de almas que asistían a ver al enviado de dios me confundí fácilmente, los guardias no me buscaban. Esa tarde camine a husmear la predica del “enviado de dios”. El ejército seráfico patrullaba las calles, importantes batallones habían sido movilizadas con antelación desde otras partes del universo para prepararlo todo.

Cuando el “enviado de dios” bajo de su imponente nave lo reconocí, era mi viejo compañero de la fila, el señor Obispo, con una túnica plateada cubierta de símbolos de la coca cola y una mitra con un diseño idéntico al de la bandera gringa. En el centro del poblado se preparó para dar su discurso. Hablo contra los horribles estalinistas que habían traído el desorden y el caos que tanto molestaba a Dios. Que era mejor estudiar la Biblia en lugar del marxismo leninismo. De lo importante que era nuestra labor en los jardines del señor. Nos dijo que los ángeles solo cumplían la voluntad del supremo y que debíamos obedecerles sin protestar. Trató de asustarnos con imágenes del horrible infierno donde el malvado dictador Stalin gobernaba y donde las torturas eran el pan de cada día. Muchos le creyeron La confusión reino en la mayoría. Otros murmuraron en voz baja que lo que decía era mentira pero no atinaban a que hacer.

El sol me daba en la cara. El discurso había terminado y la gente comenzaba a dispersarse. Cerré los ojos un instante, en ese momento un par de ángeles mastodontes me tomaron por los brazos.

_ amiguito_ dijo uno de ellos_ el pontífice desea que lo acompañes a cenar esta noche_ no tenia opción. Al entrar al Palacio General de Administración donde se realizaban los bacanales observé que la alta sociedad de las plantaciones estaba presente. _ por aquí_ me indicó mi gorilesco guardián y me condujo a una enorme mesa donde ya comían y bebían los invitados. Me hicieron esperar a unos metros mientras llamaban al Obispo. El pontífice me volteó a ver y me hizo un gesto para que me acercara.

Así que nos volvemos a ver señor Bond _ me dijo en tono de burla, y luego rió a carcajadas_ tome asiento _ enseguida me sirvieron “pan y vino”.
_ Esta es mi sangre y esta es mi carne _ dijo mientras levantaba un baso lleno de tequila, y comenzó el sermón_ Amigo, ¿Qué son esas tonterías que me han dicho de ti? Mira, en este mundo, en el otro y en cualquiera, siempre han existido y existirán dos tipos de personas: los imbéciles como ese tu amiguito Pepe y los listos como yo y las distinguidas personas que ves aquí. ¿No lo crees así?
_Bueno yo… _ pensé en la conveniencia de discutir en esta situación...
_ No, no, no. No quiero oír tonterías. Pese a tu cara de pendejo se que en el fondo no eres tan huey como aparentas. Te conozco, así como me estudiaste tu a mi pues yo igual. Y te voy a dar dos opciones o te dejas de mamadas o te carga la verga… ¿me entiendes? A lo mejor lo que te confundió fue este cochinero, esta gente ignorante que solo sirve para cargar, son peores que mulas. Ja Ja Ja _ su risa me repugno_
_ A fin de cuentas de que lado quieres estar. Con los puercos o con los reyes. _ Mi anfitrión ya estaba muy bebido
_ Te voy a dar esta noche para que lo pienses, mañana parto a un lugar menos triste, espero no tener que volver a este fétido sitio. _ Luego me dio un salvoconducto con su firma y sello indicándome la hora de partida, después se levanto y se marchó con un par de jóvenes a no se donde. Salí de la mansión.

Llegué nuevamente al barrio, las cosas parecían haberse calmado, la presencia de la poli al menos era solo la acostumbrada, la hora se acercaba, me dirigí a casa de la camarada Flor, iba un poco mareado pues el trago que tome con el obispo era demasiado fuerte o le habían puesto algo extra, un error haberlo probado, pero me controle. Llegué a la casa, me abrió la hermosa hermana de flor cuyos felinos ojos me hacían perderme.

_ supimos que te llevaron, pensábamos que no regresarías en mucho tiempo _ me abrazó tiernamente, no faltaba mucho para la hora convenida.

Un par de camaradas ángeles llegaron conPepe, debíamos preparar su traslado, lo habían golpeado salvajemente y casi no podía caminar, no había perdido el brillo de inteligencia en su mirada, sonrió al verme, pero estaba molido por la tunda. Lo curamos lo mejor que pudimos y comimos un poco de dulce muy parecido a las palanquetas de México pero con un “cacahuate” mucho mas crujiente y rico. Como estaba convenido debíamos partir lo mas pronto posible pues el engaño en la cárcel no nos daría mas allá de esta noche. Hacía un viento extremadamente frío. Con el salvoconducto que me proporcionó el señor obispo aseguramos el paso seguro y ágil por las calles aún vigiladas por la seguridad del Santo Estado. Llegamos a la elegante nave del propio Obispo donde había ya dispuesto un lugar muy acogedor para mi. Solo tuvimos que deshacernos del piloto cuyas copas de más eran evidentes y tomamos el control de aquel gigantesco aparato. Gracias al favor de mi viejo Gurú.

No teníamos muchas opciones, debíamos alejarnos por un tiempo mientras cesaba la búsqueda y se recuperaba Pepe, así pues marchamos en busca del único lugar donde un par de revolucionarios tendrían buen cobijo, entre camaradas de todo el universo. Salimos en busca del infierno, donde el viejo hombre de acero dirigía sus huestes proletarias.

Tres ideas cruzaban por mi mente, una que sin duda extrañaría ese par de ojitos felinos, dos que el averno sería un lugar interesante, y finalmente que un día no muy lejano, regresaríamos para ajustar cuentas con Dios y sus Obispos.



Bartolomé Ocaña.

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